Obras de Artes en la UCV sufren de Deterioro.

La falta de recursos en la Universidad Central de Venezuela no solo ha obligado a suspender casi todos los proyectos de investigación y la ha condenado a un régimen de supervivencia, sino que además pone en peligro la propia esencia de este campus, la razón que hizo que la Unesco la declarara Patrimonio Mundial de la Humanidad hace doce años. 

Tal vez lo más grave no esté en lo inmediato (a partir del próximo mes, por ejemplo, ya no habrá fondos para renovar las pólizas de HCM de sus 18 mil empleados -60% de los cuales son jubilados- ni para cancelarles el bono de alimentación), sino en el hecho de que no hay dinero para poner freno al deterioro que enfrentan las 107 obras de arte que la universidad alberga, a esos vitrales, murales, policromías, esculturas y fachadas realizados por los más egregios artistas plásticos del siglo XX. 

María Eugenia Bacci, quien dirige el Copred (Comisión para la Preservación y Desarrollo), que se encarga de garantizar el buen estado del patrimonio artístico de la UCV, explica que en medio de la brutal crisis económica que enfrenta la universidad, suele ser mal visto preocuparse por el estado de unas obras de arte: “No entienden que todas estas cosas forman el alma misma del campus, aquí confluye, aquí se concentra lo mejor de una generación de artistas, venezolanos o no: Mateo Manaure, Jean Arp, Alejandro Otero, Fernand Leger, Francisco Narváez, Alexander Calder, Pascual Navarro, Oswaldo Vigas, Armando Barrios, Baltasar Lobo, Alirio Oramas, Víctor Vasarely y tantos otros. Esto es más que un museo: es un espacio museístico”. 

El inventario de los problemas que enfrenta el patrimonio artístico de la universidad es largo y las soluciones no son fáciles. El gigantesco mural de Fernand Leger, a la entrada de la biblioteca central, tiene un hongo que ennegrece los cristales y solo para un diagnóstico una compañía extranjera cobraba más de cien mil dólares hace unos años. Al mural curvo de Pascual Navarro, también en el área de la biblioteca, se le están cayendo los mosaiquillos, al igual que al llamado bimural de Leger. El mural de Mateo Manaure, detrás de la Sala de Conciertos, está atravesado con un andamio, pero los obreros no van nunca, y el de Alejandro Otero en la biblioteca de ingeniería se ve muy deteriorado y además está salpicado de concreto por unas obras que hicieron en el techo. Los Calder en Arquitectura están ennegrecidos y todos los frescos que se hallan en el Rectorado necesitan mantenimiento correctivo. 

Además de los embates del tiempo, las obras de arte han debido sufrir por el vandalismo, que antes solo tenía lugar en las afueras de la universidad y en forma de encapuchados. El mural de Víctor Valera quedó ennegrecido tras el incendio que tuvo lugar en la escuela de Derecho hace dos meses. También se ahumaron los mosaicos que hay en las escaleras que suben hacia el Rectorado tras el incendio provocado en diciembre del año pasado. 

Estos arreglos deben ser hechos por especialistas, y desde 2008 en la UCV no hay reposición de cargos. Así, la especialista en obras de arte se jubiló y no hay quien la sustituya. 

Teolinda Bolívar, profesora de Arquitectura, cree que lo que sucede con las obras de arte es solo parte de un problema mayor: “El Gobierno quiere acabar con la universidad sin tener que intervenirla. Están jugando al cansancio por medio de la asfixia económica”. 

 

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